La búsqueda del conocimiento te aleja de tú conocimiento y tú conciencia.



El conocimiento y la aventura en su búsqueda, es un camino peligroso y lleno de obstáculos. La iluminación es una meta que se persigue y no se toma en cuenta la perdida esencial a la que nos enfrentamos con ello.

La búsqueda de conocimiento se ha convertido en una meta hedonista, donde todo vale con tal de conseguir este propósito. El estado de iluminación, de plenitud consciente y de comprensión del todo, no es más que una ilusión en la inmensa mayoría de los casos, y aquellos que lo vivieron bien pudieron ser víctimas de una intervención.

No niego que ese estado pueda lograrse, sino los métodos y formas en los que se enseña para alcanzarlo, que sacrificios hacer y que perder de ti mismo en ese proceso.

Está muy idealizada la búsqueda de conocimiento, y la iluminación. El estado búdico hoy día nada tiene que ver con la conciencia, y nada tiene que ver con la plenitud del Ser.

El estado amnésico provocado en el que vivimos, es el inicio de esta búsqueda, una desazón existencial perpetua que en algún momento debe aparecer para replantearte todo lo aprendido, y todo lo programado, pero en esta búsqueda glotona de conocimiento, no encontramos lo que ya sabemos, ni recuperamos lo que perdimos, por lo tanto es óbice de ser una creencia más, o un estado artificial, provocado para hacernos caer en otra trampa más.

Es bien conocido, los mitos que existen de las escuelas de misterio, y el hermetismo. Muchos persiguen esto, y caen en grupos que están lejos de mostrarles lo que prometen. La masonería y distintos grupos secretos, venden el conocimiento, el hermetismo y la iluminación como parte de su doctrina, nada más lejos de la realidad, el 100% de estos grupos solo venden humo y detrás de ellos finalmente solo hay una secta ocultista de corte satánico.

Si redundar en lo que ya sabemos, que una estructura jerárquica jamás puede ofrecer algo como la iluminación, puesto que esa meta solo se logra a través de la introspección, y la integración completa de la conciencia en tu ser. Esa sería lo más parecido a la iluminación que se podría lograr, puesto que todo es conciencia, y ella es la única fuente en la que beber para lograr esta meta.

¿Qué más estímulos necesitas para abandonar las redes sociales?



Las redes sociales llegaron para conectar a todo el mundo y ser una plaza pública en la que relacionarnos todos sin importar clase, raza, ideología o credo, algo que parecía ser la panacea de la comunicación, donde todos participan, y se engloban con todos, donde todos aprenden de todos, y todos pueden llegar a conocer la realidad de todos.

Esto a la práctica no solo no se cumple, sino que en esas redes sociales nadie se muestra tal y como es, siendo en realidad, una mega factoría de alters ego, en la que nadie es quien dice ser, y nadie aporta nada de valor, excepto lo peor de nosotros mismos.

La red social se llenó de vanidad, de falsedad, de apariencias, y de control. Es curioso como últimamente están siendo denostadas, criticadas por su mala praxis, por controlar nuestra mente (demostrado bajo patente) y usar nuestros datos (demostrado bajo informes desclasificados).

Personalmente no sé cómo empresas como Facebook o agencias oscuras como la NSA están usando los datos que recaban de estas plataformas, cuando en realidad nadie aporta nada real de sí mismo. Allí nada es auténtico, todo forma parte de una pose, un “postureo” constante donde mostrar a los demás lo que quieren ser y en realidad ni se aproximan.

Una red social donde dar envidia a otros, donde constantemente se está insistiendo en el “soy mejor que tu” sea en el ámbito que sea. Dudo que la información volcada sirva más que para confirmar a las élites, de que somos una especie realmente prescindible, sin valores morales y sin conciencia.

Seres vivos que a pesar de conocer que se les espía, que se venden sus datos sin su consentimiento, que todo lo que dicen y hacen en esas redes puede ser utilizado en su contra, en cualquier ámbito de su vida real (trabajo, familia, amistades…). Aun así, y aun sabiendo el control e influencia negativa que le genera, no hace nada por abandonar estas redes y cerrar todos sus perfiles.

Entonces…

Desbloqueo de energías ligadas a la materia.




El modo de vida consumista nos ha empujado muchas veces a acumular de forma innecesaria objetos, que o bien guardan un valor material, o un valor sentimental. En ambos casos, acumular y guardar esos objetos como un tesoro nos puede perjudicar de diferentes modos, dejando bloqueados fragmentos de nuestra energía ligadas a esa materia por siempre.

La energía debe estar en constante fluctuación, somos una fuente energética, pero también formamos parte y complementamos el flujo energético general, que hay en el planeta y las diferentes energías llegadas desde fuera. Formamos parte de una red de energías, y estamos participando de forma pasiva, formando parte de esta red.

Nuestra armonía y salud, nacen en gran parte por mantener este equilibrio constante, dejando que la energía entre y salga nutriéndonos y a la vez enriqueciéndola, de este modo formamos parte de una conciencia colectiva, esta energía no solo nos mantiene, sino que en ella compartimos nuestra experiencia, nuestro conocimiento, forma parte de esa frecuencia que nos mantiene en un nivel vibratorio definido y constante, todos a un mismo ritmo.

Toda energía que es acumulada acaba por corromperse, al igual que la materia, de la cual forma parte. Para entenderlo mejor, la energía se comporta muy parecido a como lo hace el viento o el agua, sus flujos son puros mientras están en constante movimiento, estancarlos provoca que se vicien y se corrompan. Igual que no es sano, consumir agua estancada, tampoco es bueno acumular energía corrupta.

Como fluye nuestra energía y como protegernos.




Entender como funciona el flujo energético que generamos, y entender como es el flujo energético al que estamos conectados, es vital para comprender como interactuar en este sistema parasitario, y no quedar exhaustos en según qué situaciones en las que estamos expuestos, rodeados de vampiros energéticos y portales orgánicos.

La energía que fluye alrededor nuestro que llega desde el espacio, es generado desde el planeta, y desde la flora y fauna, son energías puras sin carga emocional, estas energías no solo portan un elemento vital para la vida, también portan todo tipo de datos esenciales para la comunicación entre seres vivos. Nosotros participamos retroalimentando este flujo, recibimos y a la vez emitimos, por lo que a menor escala participamos igual que cualquier orbe del cosmos, es en este “fluir” donde encontramos sentido a la popular cita “somos parte de un todo”.

Somos una fuente, conectados a múltiples fuentes, que a su vez están conectadas a múltiples fuentes. Esto siempre se entendió de forma vertical, en una pirámide, creando una jerarquía mental, con una fuente primaria y suprema, pero en realidad es multidireccional y no jerarquizada en absoluto.

Al igual que con las células, virus y bacterias que pueblan nuestro organismo, las cuales todas forman parte de nosotros y todas cumplen una función, en ese “como es arriba es abajo” nosotros cumplimos una misma función con el planeta y este a su vez con la galaxia, es algo sencillo de comprender y ver que todo está engranado, y todo funciona gracias a que todos cumplen su cometido.

Pero en toda regla hay una excepción, y esa es la que ocurre en nuestro planeta, con un sistema contra natura, en el que hay una gran cantidad de personas que ignoran su función real en esta vida y en este mundo, que depredan y consumen a su propia especie por ignorancia en su mayoría. En este sistema existen una gran cantidad de, se podría decir, “células” que atacan a sus iguales, como en una especie de Lupus global.

Hay que dejar de ser productivos para empezar a ser útiles.




La era industrial y el modo de vida capitalista, nos programó para ser productivos. Androides humanos cumpliendo una jornada laboral en un trabajo que es más importante que su propia familia, ya que de él depende la supervivencia, en el que al acabar la jornada se lleva al hogar todos los problemas que ese trabajo le ocasiona, siendo tema de conversación en la mesa, y en el tiempo de ocio, produciendo y trabajando incluso en sueños.

Producir y consumir es el mantra de esta sociedad, es el equilibrio de una dualidad asumida de forma inconsciente, en el cual solo hay que responsabilizarse de su trabajo, obviando todas las demás ocupaciones a terceros, los cuales ocuparan el rol familiar como una parte más de la producción laboral, con lo cual, nos encontramos con la parte fundamental por la cual  la fragmentación social y la fragmentación familiar forman parte de esa normalidad vital asumida por todos. Mama salió de casa para ser liberada como mujer, convirtiéndose en una esclava como Papa, delegando el cariño y el tiempo familiar al sistema.

Hoy día casi todas las personas tienen el rol productivo de la era industrial tan integrado en su ser que cualquier planteamiento alternativo a este sistema, es un anatema. No solo les es imposible imaginar algo distinto sino que lo rechazan, piensan que el simple hecho de plantearlo, pone en riesgo su estabilidad mental y emocional.

Planteamientos como el trabajar sin remuneración, vivir sin necesidad de dinero, y compartir todo en comunidad, les provoca un estado de desasosiego y ansiedad que cortan de forma radical cualquier debate porque su mentalidad de esclavo traumatizado no les permite ver los barrotes de su propia prisión.

El salario siempre ha sido la remuneración del esclavo, aquel al que privaron de todo privilegio y compensaban con un poco de sal. Hoy día no solo no es distinto sino que es peor. La sal fue sustituida por dinero imaginario, o como mucho, trozos de papel los cuales no nos pertenecen. Según cobramos los salarios, ese dinero es revertido inmediatamente en bienes y servicios que pertenecen a los mismos que nos esclavizan, por lo tanto, el dinero (salario) nunca estuvo en nuestro poder.

Producimos aquello que consumimos en un círculo vicioso, como la pescadilla que se muerde la cola, como el hámster que corre en la rueda, comemos lo regurgitado en un sinfín. Nos dejamos la vida y las energías inútilmente en una labor que no nos beneficia, ni nos aporta nada, es más, somos infelices gracias a ello.

La incertidumbre nos acucia aún más cuando ese sistema no nos garantiza la capacidad de servir para aquello que nos programó, y tampoco nos garantiza cubrir nuestras más mínimas necesidades, cuando ya no seamos productivos.

Así que con la crisis sistémica se ponen en marcha la agenda eugenésica, programándonos para aceptar que sobramos, y que debemos aceptar que el sistema nos elimine, por lo tanto aceptado que la culpa es nuestra y nuestra la responsabilidad. Acogiendo deportivamente los recorte sociales y las derogaciones de leyes que garantizaban un mínimo de estabilidad a los más desfavorecidos.

¿Sabes lo que es un Ser Humano?




A cualquiera que le plantees esta pregunta, automáticamente te responderá de forma afirmativa, es más, le parecerá una pregunta estúpida por lo obvia que parece, pero estoy seguro de que muy pocos saben que significa ser humano.

Lo académicamente aceptado se reduce a la acepción científica del homo sapiens y poco más, un mono que camina y es un poco más inteligente que el resto de monos, eso es básicamente y resumido todo lo que significa para la ciencia un ser humano.

Puedes buscar el origen etimológico de la palabra en sí, y lo que ha ido significando en distintas lenguas a lo largo de la historia, lo que tampoco ayuda mucho, es más, puede que incluso te confunda y te produzca recelo al no identificarte.

Para la mayoría de las personas, es algo que son o que aparentan ser. Para ellos un ser humano es eso que aparentamos y que nos distingue e los animales, por el lenguaje, por la capacidad de vestirnos, ver la tele, practicar deporte o beber cerveza.

Es lógico, casi nadie se plantea dudas mínimamente existenciales, o que arrojen luz sobre lo que somos, tenemos nuestra rutina definida y nos entregamos a ella.

Si obviamos lo físico, la apariencia homínida no nos define como humanos, lo que realmente nos define como Seres Humanos es nuestra conciencia, y las capacidades que ella nos otorga como la empatía o la capacidad de sentir amor incondicional. Nuestra sensibilidad, nuestras emociones, nuestra creatividad, nuestra naturaleza humilde y el trato con los afines, nos distinguen de otras especies mucho más racionales y frías.

¿Por qué plantear esta cuestión?

Que creíamos entonces y que sabemos ahora. (Que nos enseñó la falsa espiritualidad)



Como todo niño que empieza a andar, necesita de asideros, avanza con paso torpe, se agarra a todo lo que encuentra a su alcance y finalmente cae, una y otra vez. Así hasta que su cuerpo se fortalece, su equilibrio mejora y sus extremidades responden como su mente ordena. Este periodo es corto en la vida de un ser humano, un periodo breve en el que debe aprender el juego de prueba error, hasta que es lo suficientemente fuerte como para no necesitar de nada para moverse por su entorno. Sin embargo en el aprendizaje espiritual, ese periodo en el que necesitamos de esas muletas hasta que aprendemos a valernos por nosotros mismos, nos dura toda una vida y aun así, no logramos aprender lo suficiente como para no necesitar un punto de apoyo, un tutor o un guía, que nos ayude a no tropezar y caer una y otra vez.

¿Qué sucede cuando nuestro sistema y las personas que nos educan, solo nos adoctrina y no nos enseñan a madurar espiritualmente?

Que o bien seguimos a rajatabla esa doctrina impuesta sin plantearnos nada más allá de ese cercado mental, o bien si en el caso hipotético despertamos de esa ilusión, lo que nos sucede es que nos movemos torpemente agarrándonos a cualquier cosa con visos de autenticidad, cayendo en una trampa tras otra, empujados por la inexperiencia, la necesidad de creer y esa sensación de abandono perpetua que en un principio no ayuda a replantearnos nuestra existencia, pero que también nos empuja a los brazos de cualquier desaprensivo con ansias de llenarse el bolsillo.

Esto no pinta un panorama halagüeño, y ciertamente es así, puesto que nos educan para trabajar, producir y competir. La ciencia y la religión usan métodos similares tutelándonos a través de sus fórmulas, los unos basadas en un mundo puramente físico y material, y los otros basados en una espiritualidad basada en el sacrificio, la culpa y el miedo. Al final la combinación de ambas, nos deja plenamente capacitados para cargar con pesadas y esclavas tareas, sin posibilidad de escape, puesto que todo lo que conocemos es lo que vemos y lo que no vemos, hemos de temerlo y entregarnos a ello en sacrificio.
Despertar a esto y madurar espiritualmente, supone responsabilizarnos de nosotros mismos, saber que nuestros actos tienen consecuencias, y pueden dañar a terceros, que somos soberanos, tenemos libertad de elección, tenemos conciencia y somos algo más que un cuerpo físico, que nuestra libertad no debe sobrepasar el respeto a los demás seres vivos, que somos individuos independientes dentro de un inmenso colectivo, y que no somos ni más, ni menos que nadie.

¿Qué nos enseña actualmente la pseudo-espiritualidad que propaga de distintas formas este sistema?

Básicamente no nos enseña nada, pero si podemos aprender. Aprendemos a base de errar, de tropezar y caer, de decepcionarnos con nosotros mismos y de no volvernos a perdonar caer en otra trampa más.

Repasemos algunas de las doctrinas que aún se imparten a través de gurús, médiums, maestros, contactados, personal coaching y otras formas distintas de etiquetarse para continuar captando gente inquieta con un gran potencial, y un miedo y una culpa que aun arrastran de su paso por la religión institucional.

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