El Plan Toxico Cósmico.





Siempre que he visto desorden y caos entre personas de un mismo núcleo familiar, me he preguntado... ¿A quien beneficia esto? Me niego a creer que el mal es inherente al Ser humano, y es sin duda algo mas que una simple provocación de un hermano hacia otro. Hay varias sumas de factores las cuales nos llevan a este resultado tan infructuoso, pero todos esos factores hoy, no son mas que la prueba, de un largo periodo de incubación, en fases de prueba y error.

Para demostrar esto habría que remontarse a nuestra historia, pero los renglones que la reflejan solo son fruto del egoísmo de aquellos que quisieron inculcar sus ideas o sus razones sobre el resto, una sarta de mentiras y dobles intenciones. Nuestra memoria tampoco es un referente, apenas calan en nosotros las experiencias de nuestros mas recientes antecesores, como para tratar de buscar ahí referencias, por lo tanto, parecemos condenados a tropezar una y otra vez con la misma piedra, aquella que alguien coloco, y nos hizo recorrer un camino circular, para tropezar siempre en el mismo lugar.

La Biblia dice que dios expulsó a Adán y Eva por comer del árbol del conocimiento, pero yo lo que veo e interpreto hoy, es que ese "dios" puso una última prueba a sus portales orgánicos, y al haberla superado, ese mago negro con infulas de deidad, se percató que sus creaciones podrían no solo pasar desapercibidas, mezclados entre seres humanos sin ser detectados, sino que cumplirían al dedillo su misión.

Distorsionar, Confundir, Dividir e Intoxicar.

Tu Mente no fabrica Monstruos, vives con ellos.

Publicado el 16/03/2016 en redes sociales.
¿Aun crees que todo es fruto de tu Mente?
¿El mal que te acosa y te hace sufrir es solo el reflejo de ti o el encontronazo con tu sombra?
Es evidente que aquellos que quieren vivir a tu costa, van hacerte creer que la culpa es tuya. Si todo es fruto de tu mente, no buscas culpables, no buscas la verdad, y sigues engañado tratando de solucionar tus problemas con pastillas.
Malas pasadas de la mente dicen, lo que encuentras es el reflejo de ti, dicen, debes reconocer tu propia sombra, dicen...
Ya esta bien de tratarnos como a estúpidos, ya esta bien de culparnos a nosotros. La mayoría de nosotros no somos unos malnacidos que buscan el dolor y el sufrimiento ajeno, no lo disfrutamos y no vivimos de ello, por lo tanto, si no soy un psicópata ante el reflejo de lo que soy y mi sombra es solo el efecto de una "Falsa Luz".
Para encontrarnos a nosotros, lo que realmente somos, si queremos verdad y verdadera luz, debemos buscar dentro, pero si queremos encontrar culpables, siempre hay que buscar fuera.
Que no te engañen si tienes conciencia solo eres culpable de creer a esos que te engañaron, haciéndote culpable de algo que ellos mismos hicieron, con sus religiones, con sus sistemas, con sus leyes.

Como defendernos de la poca ética y moral de fuentes contactadas y canalizadas, y el protocolo a seguir para detectar esta contaminación.





Cuando accedemos a ciertas fuentes de información convencionales, exigimos un mínimo de rigor, y nos pedimos a nosotros mismos un mínimo de sentido común, cuando acedemos a esos mismos medios de comunicación.

No creemos a nadie “porque si” exigimos pruebas, datos, que estos estén contrastados, y que haya un mínimo de rigor a la hora de aportar pruebas que refuten cualquier cosa que se exponga o se refute. Esto nos escuda ante posibles engaños, nos tranquiliza y habitualmente estamos acostumbrados a que sean “expertos” o profesionales muy bien cualificados, los que den veracidad a sus argumentos, para encender nuestro piloto mental en modo “ON” y comenzar a creer dichos argumentos, solo por la base curricular de aquel que expone cualquier argumento, sopesado en una presunción de experiencia, sobre nuestro sentido común.

Por lo general la gente está educada y predispuesta a creer de forma automática, y cada vez son menos, por desgracia, los que dudan aunque sea, como un método propio de auto defensa ante cualquier charlatán.

Curiosamente el testimonio de un igual es el que se lleva las peores críticas, y debe pasar los mayores filtros. Se escruta y se analiza cada una de sus afirmaciones, se coteja y se disecciona cada una de sus frases, buscando a un posible infiltrado, a un falso disidente o a un desinformador, pero a cualquiera que presente un currículo medianamente completo, tiene por lo general, veda abierta para afirmar cualquier cosa que se le ocurra, que por lo general y sin que sirva de precedente, siempre va a encontrar poca resistencia.

¿No se debería exigir con el mismo rigor a todo aquel que nos dé información y exigirle un mínimo de ética y moral? ¿Solo porque se nos aporte una etiqueta que describa a esa persona o entidad como “Superior” ya sea por currículo, titulación, apellido, estatus o jerarquía es suficiente para darle todo nuestro crédito y creer de forma ciega?

Parece ser que Sí.

¿Que es realmente eso que llamamos Familia?





Consideramos familia a esas personas que llevan nuestra misma sangre, es ese parentesco el que nos enlaza a ellos y nos hace vincularnos de por vida. Vinculo de sangre con grado, y con una capacidad para modelar nuestra conciencia, inculcando en nuestra mente “valores” útiles para desenvolvernos en el mundo real, en nuestra querida sociedad.

Ese parentesco nos agrupa y nos supera tras a muerte, es ese arraigo lo que nos perpetua y nos liga a esta tierra. Nos llevamos con nosotros ese deber no escrito de criar y salvaguardar a nuestra descendencia, no criamos y educamos a personas independientes y seguras de si mismas, sino todo lo contrario. El sistema y el miedo y la cultura de la escasez, se encarga de que inculquemos generación tras generación, esa estúpida necesidad de proteger a nuestros hijos como a infantes durante toda su vida.

Desde que nace entramos en un constante estado de preocupación y alarma que no desaparece ni siquiera con la muerte. Preocupados y temerosos, de que no enfermen, que coman, que se relacionen y se integren, que no tengan conflictos, que no se desvíen, que amistades tienen, que parejas tienen, que trabajos tienen, gana suficiente, pueden valerse por sí mismos…

Rey por un día... Tonto por sistema.






Imagina...

Imagina por un instante, que en los medios comienzan a alertar sobre la propagación de un peligroso y contagioso virus que mata a miles de personas. Imagina que además dicen que ese virus solo contagia a los tontos y que son estos “únicamente” los que mueren de forma irremediable. Imagina que los gobiernos y las organizaciones de salud se despreocupan, argumentando que estos efectos y sus consecuencias son un “beneficio” para la humanidad y para el planeta, y que no se plantean incluir en sus agendas combatir el virus, ni van a luchar o gastar recursos en buscar un remedio por algo que estiman beneficioso a corto plazo. Imagina que comienzan a propagarse argumentos en la red, que aluden que haciendo tal o cual cosa, siguiendo tal o cual método o técnica, te salvas o al menos el virus no te mata…

Ahora bien si has imaginado este escenario, habría que añadir en base a que podemos considerarnos salvados o inmunes a este virus. Nada te hace tener la certeza de que eres o no, tonto. Mientras la gente sigue muriendo, caen infectados y fallecen personas, de todas las razas, de todas las clases sociales, de todas las profesiones, no parece a primera instancia haber un patrón, pero sí parece que mueren personas que alguien en un momento dado fue considerado o etiquetado como tonto.

Desde las redes se argumenta y se teoriza. La mayoría se remite al referente cultural “tonto es el que hace tonterías” que no significa nada y es demasiado arbitrario, alejado del sentido común, pero se acepta y lo derivan únicamente al comportamiento puntual del sujeto, que o bien sus pautas no siguen lo comúnmente aceptado o se comporta de forma irracional. Por lo tanto un tonto no sería alguien inculto, por lo cual un analfabeto no sería objetivo del virus, sino todo aquel que no actúa, piensa o habla, según lo comúnmente aceptado, ya que esto es catalogado como absurdo e inútil.

Reflexiones desde la locura.




La definición académica de “loco” es la de alguien que tiene trastornadas sus capacidades mentales, alguien que se sale de los esquemas, insensato e imprudente. Lo comúnmente aceptado o lo políticamente correcto, está hoy día saliéndose de lo sensato y prudente, nos condicionan a aceptar cualquier modelo absurdo de conducta basando todo su argumento en la palabra tolerancia. Ser intolerante supone una etiqueta que es muy complicado soportar, el propio sistema rechaza a todo intolerante y la gran mayoría, que es donde se apoya la razón, dice que un intolerante es poco menos que un terrorista.

Pero cuando ser tolerante implica salirse de los patrones de lo humano y lo moral, salirse de la conciencia y dejar a la deriva tu sentido común, es que hay algo que falla. El sistema va haciéndonos aceptar de forma sibilina todas esas ingenierías sociales que suponen prácticamente un cisma en nuestro sistema social. He vivido el rechazo al diferente, al que no era de tu raza, al que no era de la condición sexual aceptada, al que vestía distinto o al que pensaba distinto…

Ahora y gracias a la tolerancia no solo hemos aceptado, todo eso que pedía a gritos ser integrado, sino que el sistema lo llevo al extremo y ahora hemos abierto la puerta a que cualquier cosa sea aceptada sin provocar un cisma en nuestras escalas de valores. Poco a poco se asienta lo inmoral, lo insensato y lo imprudente, pero curiosamente quienes viven en el sistema no son los locos, sino aquellos que aún conservan algo de cordura y ven en estas derivas, un riesgo potencial difícil de esquivar.

¿Tienes Conocimiento? Empieza a formarte.






Hoy la información lo es todo, vivimos conectados a dispositivos que nos mantienen al tanto de todo lo que ocurre en el mundo. Estamos conectados a personas que viven alejados de ti, y sin embargo conocemos todo de sus vidas, de su cultura y sus costumbres, a través de lo que ellos mismos nos confiesan, la realidad del mundo ya no nos es indiferente y conocemos a través de la información todo de todos. Esto que en principio debería ser un progreso y provocar nuestra unión, en realidad provoca todo lo contrario.

Estamos tan informados que creemos que lo sabemos todo. Hoy no luchamos por la tierra, luchamos por la razón. Nuestras batallas son muy pequeñas, y aun así le dedicamos toda nuestra energía. Sacamos la artillería pesada a la mínima que alguien nos contradice o simplemente nos da su punto de vista, cargamos con violenta verborrea a la mínima, dejando siempre patente que pase lo que pase, nosotros tenemos toda la razón.

Luchar por la razón es perder sin lugar a dudas la guerra, ya que mostramos en esas insignificantes y ridículas batallitas, todas nuestras cartas, mostrando a la luz, que como estrategas no valemos absolutamente nada. Es poco inteligente, no saber escoger nuestras propias batallas, aquellas que merecen realmente la pena lucharlas y gastar esas energías de un modo constructivo, lo que demuestra, que las personas de la sociedad de hoy están muy informadas, pero muy poco formadas.

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