Rey por un día... Tonto por sistema.






Imagina...

Imagina por un instante, que en los medios comienzan a alertar sobre la propagación de un peligroso y contagioso virus que mata a miles de personas. Imagina que además dicen que ese virus solo contagia a los tontos y que son estos “únicamente” los que mueren de forma irremediable. Imagina que los gobiernos y las organizaciones de salud se despreocupan, argumentando que estos efectos y sus consecuencias son un “beneficio” para la humanidad y para el planeta, y que no se plantean incluir en sus agendas combatir el virus, ni van a luchar o gastar recursos en buscar un remedio por algo que estiman beneficioso a corto plazo. Imagina que comienzan a propagarse argumentos en la red, que aluden que haciendo tal o cual cosa, siguiendo tal o cual método o técnica, te salvas o al menos el virus no te mata…

Ahora bien si has imaginado este escenario, habría que añadir en base a que podemos considerarnos salvados o inmunes a este virus. Nada te hace tener la certeza de que eres o no, tonto. Mientras la gente sigue muriendo, caen infectados y fallecen personas, de todas las razas, de todas las clases sociales, de todas las profesiones, no parece a primera instancia haber un patrón, pero sí parece que mueren personas que alguien en un momento dado fue considerado o etiquetado como tonto.

Desde las redes se argumenta y se teoriza. La mayoría se remite al referente cultural “tonto es el que hace tonterías” que no significa nada y es demasiado arbitrario, alejado del sentido común, pero se acepta y lo derivan únicamente al comportamiento puntual del sujeto, que o bien sus pautas no siguen lo comúnmente aceptado o se comporta de forma irracional. Por lo tanto un tonto no sería alguien inculto, por lo cual un analfabeto no sería objetivo del virus, sino todo aquel que no actúa, piensa o habla, según lo comúnmente aceptado, ya que esto es catalogado como absurdo e inútil.

Reflexiones desde la locura.




La definición académica de “loco” es la de alguien que tiene trastornadas sus capacidades mentales, alguien que se sale de los esquemas, insensato e imprudente. Lo comúnmente aceptado o lo políticamente correcto, está hoy día saliéndose de lo sensato y prudente, nos condicionan a aceptar cualquier modelo absurdo de conducta basando todo su argumento en la palabra tolerancia. Ser intolerante supone una etiqueta que es muy complicado soportar, el propio sistema rechaza a todo intolerante y la gran mayoría, que es donde se apoya la razón, dice que un intolerante es poco menos que un terrorista.

Pero cuando ser tolerante implica salirse de los patrones de lo humano y lo moral, salirse de la conciencia y dejar a la deriva tu sentido común, es que hay algo que falla. El sistema va haciéndonos aceptar de forma sibilina todas esas ingenierías sociales que suponen prácticamente un cisma en nuestro sistema social. He vivido el rechazo al diferente, al que no era de tu raza, al que no era de la condición sexual aceptada, al que vestía distinto o al que pensaba distinto…

Ahora y gracias a la tolerancia no solo hemos aceptado, todo eso que pedía a gritos ser integrado, sino que el sistema lo llevo al extremo y ahora hemos abierto la puerta a que cualquier cosa sea aceptada sin provocar un cisma en nuestras escalas de valores. Poco a poco se asienta lo inmoral, lo insensato y lo imprudente, pero curiosamente quienes viven en el sistema no son los locos, sino aquellos que aún conservan algo de cordura y ven en estas derivas, un riesgo potencial difícil de esquivar.

¿Tienes Conocimiento? Empieza a formarte.






Hoy la información lo es todo, vivimos conectados a dispositivos que nos mantienen al tanto de todo lo que ocurre en el mundo. Estamos conectados a personas que viven alejados de ti, y sin embargo conocemos todo de sus vidas, de su cultura y sus costumbres, a través de lo que ellos mismos nos confiesan, la realidad del mundo ya no nos es indiferente y conocemos a través de la información todo de todos. Esto que en principio debería ser un progreso y provocar nuestra unión, en realidad provoca todo lo contrario.

Estamos tan informados que creemos que lo sabemos todo. Hoy no luchamos por la tierra, luchamos por la razón. Nuestras batallas son muy pequeñas, y aun así le dedicamos toda nuestra energía. Sacamos la artillería pesada a la mínima que alguien nos contradice o simplemente nos da su punto de vista, cargamos con violenta verborrea a la mínima, dejando siempre patente que pase lo que pase, nosotros tenemos toda la razón.

Luchar por la razón es perder sin lugar a dudas la guerra, ya que mostramos en esas insignificantes y ridículas batallitas, todas nuestras cartas, mostrando a la luz, que como estrategas no valemos absolutamente nada. Es poco inteligente, no saber escoger nuestras propias batallas, aquellas que merecen realmente la pena lucharlas y gastar esas energías de un modo constructivo, lo que demuestra, que las personas de la sociedad de hoy están muy informadas, pero muy poco formadas.

Es momento de posicionarse: Vivir en conciencia o vivir en psicopatía.







Ha llegado el momento de prepararnos para ir asimilando que somos más de lo que creemos (o nos hicieron creer) que a pesar de llevar vidas redundantes, mínimas y anónimas, no lo son tanto para quienes nos controlan. Nuestras decisiones tienen una consecuencia y hay que empezar actuar con la responsabilidad que debiéramos. Creemos que no influimos que no importamos, somos un número, parte de la masa, pero eso es falso, eso es lo que quieren que creas, ya que la opción contraria es su final. Lo cierto es que en el fondo no sabes quién eres, pero como todos te ignoran, se cruzan contigo y no te reconocen, pensamos que quizás, no somos tan especiales. Hay que abandonar por fin el menosprecio, y empezar a buscar tu verdadera esencia en ti, aquello por lo que hoy vives condenado en esta vida de sufrimiento y hastío, es momento de dejar la desidia y la esperanza, y empezar a hacerse preguntas.

Pasas la página de un libro, cierras una web, miras un video o escuchas una canción, hay  cientos de personas ahí, que reciben los flashes, se ponen medallas o recogen trofeos. Personas que sin que sepas como, un buen día forman parte de tu vida casi de forma obligada, sin mérito alguno. Ascienden hasta lo más alto y sus vidas cambian, ese modelo tipo cenicienta que venden los medios en realidad es ilusorio ya que nadie logra esa fama por méritos propios. Nos venden una historia donde un don-nadie de pronto, se llena de lujos, glamur y fama, mucha fama. Sin embargo tu luchas por llegar a fin de mes, acosado por facturas y en un empleo precario, vamos lo que a todos, por eso es fácil aferrarte a ese sueño o a ese iluso plan B que es la lotería, lo que no sabes, es que si tu vida es miserable, es por el peligro que encierra para ellos tenerte suelto.

De hecho parece que ni existes, pero es lo que debes creer, que no eres importante, que no tienes ningún poder, que solo eres carne y hueso, atado a un documento de identidad, una nómina y unas cuantas deudas. Es esencial que creas eso y que mueras creyéndolo, porque cuanto más lo creas más fácil será reciclarte.

Programa, Patrón, Ritual.






La nuestra es la historia de un robo. Una usurpación de nuestra historia, una infección en nuestra esencia y una ocultación de nuestra memoria. El largo letargo en el que nos encontramos nos impide atar cabos y hacer las preguntas correctas. Al quitarnos la memoria, al quitarnos nuestra historia, al adormecer nuestra esencia, han conquistado e invadido algo que nos pertenecía, y hemos sido dejados a la deriva de unas circunstancias que nos son ajenas.

Dejar claro que lo que somos ahora es fruto del engaño, la ignorancia es solo consecuencia de una total e interesada amnesia. El acomodo a ese estado de letargo es solo algo que compete a cada uno. La balanza en la que se equilibra nuestra realidad, están conviviendo dos fuerzas, por un lado nuestra capacidad creadora, nuestra condición de dar incondicionalmente y nuestro potencial en conocimiento aplicado, en el otro, viven todas aquellas fuerzas oscuras que tratan de cosechar para sí mismos todo nuestro conocimiento, nuestra energía y nuestra capacidad creativa.

Ellos al estar privados de todo eso, necesitan auto programarse y diseñar una estructura muy bien construida para que no haya margen a la improvisación, de ese modo, nuestro caudal fue canalizado en un circuito cerrado, generando de este modo para sí, un complejo sistema que permite que unos pocos vivan a costa de miles de millones de seres que no son tomados más que como un recurso. Tal y como usamos la electricidad, el agua o el petróleo que desangramos de la Tierra, ellos nos dan un toque amnésico e inician con nosotros una constante programación, para que finalmente destilemos de la forma más pura y refinada, todos los matices que se precisan para mantener este sistema/estructura piramidal.

Que signos deben aparecer para empezar a creer en el cambio.





Supongo que estas más que harto de promesas, de que en las corrientes de información alternativa se den plazos, fechas, eventos. Que te digan que los mafiosos pierden poder, que hay un plan para liberar al ser humano, que si Nesara/Gesara, que hay incluso confederaciones de todo tipo pendientes de que ese cambio se de, pero pasa el tiempo, y nada. Todo sigue igual, pones la tele y los mismos siguen robando tu dinero, tú sigues siendo igual de pobre, miras al cielo y sigues viendo las mismas estelas de todos los días, la misma hipocresía en la calle, en la política, y tu banco, “y cada vez el de más gente” sigue agobiándote para que pagues los recibos pendientes.

Que debería pasar para que de verdad pudiera creerme toda la morralla que hay en la red, sobre ese cacareado plan para liberarnos, cosa que a mí particularmente me da repelús, ya que la experiencia dice que podemos salir de una y entrar en otra peor.

Hay unas cuantas cosas que deben ocurrir para empezar a intuir un proceso de cambio. A día de hoy lo podemos ver únicamente en las personas, las cuales empiezan a replantearse seriamente todo eso que hasta hace poco creyeron de forma dogmática. Ciertos axiomas van rompiéndose, pero nuestra realidad cotidiana y sus expectativas de futuro parecen estáticas. Mismos perros, distintos collares, haciendo las mismas cosas que otros perros hicieron siglos atrás con nosotros.


Funambulistas de la luz.







Si hay algo que tuve claro hace tiempo, cuando empezó a llover información de todo tipo a través de las webs, es que podía ver un patrón claro, un argumento común en todas las canalizaciones, y en muchas experiencias de contacto, todas venían o bien de otra dimensión/densidad o de una constelación a cual más genérica. Siempre vi estos orígenes como una máscara por la cual no dejar claro su verdadero origen, y no evidenciar sus verdaderas intenciones, lo cual para mí era digno de sospecha, en cambio a la mayoría le era algo aceptable y lógico.

Tras la globalización y los movimientos migratorios, todos nos hemos ido acostumbrando a tratar con personas que llegan de los puntos más remotos del planeta, unos rechazan o temen esta integración y otros como en mi caso, saciamos nuestra curiosidad por saber más y conocer un punto de vista distinto. Esas personas de lo primero que te hablan es de su pueblo, de su tierra y de sus costumbres, para finalmente comprobar que no hay tanta diferencia en la mayoría de los casos y que estés donde estés, te acaban pasando las mismas cosas y acabas viviendo las mismas experiencias.

Pero en el caso de estas informaciones canalizadas o compartidas a través de relatos de contacto, siempre hay un aire de superioridad que lo rige todo, relatos condescendientes llenos de argumentos confusos, relatos de un futuro idealizado y tamizado con los mismos mecanismos por los cuales mordimos los anzuelos de la religión. Poco a poco se fue fraguando en mí la absurda idea de que quizás no estaban tan lejos como suponiamos o que quizás no venían de donde decían.

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