Conciencia y Consciencia: El Ser y su estado.







No son pocas las ocasiones en las que me encuentro con confusiones en las que la conciencia y la consciencia son usadas como sinónimos o incluso como una única definición para ambas, y por supuesto no solo no significan lo mismo sino que son cosas distintas y como mínimo deberíamos tener claro que es que en estos temas, porque si no diferenciamos entre consciencia y conciencia no sabremos que somos y en que estado estamos.

Es sencillo caer en el error y seguramente sean pocas las personas las que encuentren la diferencia, o siquiera se han planteado dedicarle un momento a este pensamiento, en principio entre ambas palabras solo existe una “S” intercalada que las diferencia, por lo tanto puede llegar a ser comprensible la confusión, y la tendencia a la celeridad hacen el resto.

Habitualmente usamos la conSciencia, para definir el estado consciente, de alerta o despierto, esas horas de vigilia en la que estamos conScientes son los momentos en el que operamos y vivimos conscientes de nuestro entorno y la interaccion con el  y el resto de seres que lo pueblan. La conSciencia no es más que la definición de nuestro estado, sabemos qué somos, que existimos, que vivimos, es por defecto cuando el Ser es conSciente de lo que es. Según nos enseñaron las ciencias y la Fe, el Ser humano se diferencia de los animales (bestias) porque uno es conSciente de su existencia y el otro no, por  supuesto esto es una falacia, pero sirva como ejemplo, de como habitualmente se distingue un ser conSciente de otro, que no lo es.

El Todo No es Mente, es Conciencia.







Una de las pocas cosas que he aprendido en este tiempo, es a no dar nada por sentado. Es poco útil y engañoso dar a cualquier cosa el termino de “seguro” cuando todo lo que manejamos son teorías, por eso es sano de vez en cuando replantearse todo aquello que tengamos asentado. Remover nuestros posos, nuestras creencias, es lo que nos hace abrir la mente y avanzar un pasito mas, tener algo seguro a lo que agarrarse puede hundirnos, si ese asidero llegado el momento de la verdad, se hunde sin remedio. Es complicado ver la verdad, si necesitamos agarrarnos desesperadamente a las múltiples y cómodas mentiras que nos rodean, no hay que olvidar que la mentira es dulce y jugosa, el engaño es apetitoso y es fácil que mordamos esa manzana envenenada, ya que la verdad siempre, siempre, nos pondrá a prueba y no siempre superaremos dicho examen.

Creo que dentro del auto conocimiento es sano tratar de ejercitar la autocritica, comprobar donde están nuestros limites, hasta donde estamos programados y hasta donde nuestro pensamiento es realmente nuestro. Es un ejercicio poco habitual y muy pocos realmente lo practican o saben como realizarlo, es fácil entrar en introspección y dejarse llevar en el silencio y la profundidad, pero no lo es tanto auto juzgarte, porque sencillamente eres el juez mas severo que existe. Es ahí cuando te das cuenta como has sido utilizado, es ahí cuando realmente puedes ver hasta que punto fuiste un títere, es ahí cuando todos los programas aparecen y se exponen, levantan la mano y piden permiso para seguir vivos.

Apelar a la condición humana para justificar nuestros fallos no sirve de mucho, “errare humanum est” solo sirve si entendemos que el error humano solo se inicia desde el momento en el que no sabemos qué somos, el humano hierra, pero no hierra su condición sino su nula capacidad para comprender su condición. El vacío mental es aprovechado por el listo de la clase para, a modo de falsa bandera, señalar un culpable (¡presunto culpable señoría!). Ese inocente culpable, ese santo inocente evangélico, es el humano que constantemente es sacrificado, por culpa de su propia ignorancia, por su incapacidad para conocer su condición, por su vacío existencial.

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