Reflexiones desde la locura.




La definición académica de “loco” es la de alguien que tiene trastornadas sus capacidades mentales, alguien que se sale de los esquemas, insensato e imprudente. Lo comúnmente aceptado o lo políticamente correcto, está hoy día saliéndose de lo sensato y prudente, nos condicionan a aceptar cualquier modelo absurdo de conducta basando todo su argumento en la palabra tolerancia. Ser intolerante supone una etiqueta que es muy complicado soportar, el propio sistema rechaza a todo intolerante y la gran mayoría, que es donde se apoya la razón, dice que un intolerante es poco menos que un terrorista.

Pero cuando ser tolerante implica salirse de los patrones de lo humano y lo moral, salirse de la conciencia y dejar a la deriva tu sentido común, es que hay algo que falla. El sistema va haciéndonos aceptar de forma sibilina todas esas ingenierías sociales que suponen prácticamente un cisma en nuestro sistema social. He vivido el rechazo al diferente, al que no era de tu raza, al que no era de la condición sexual aceptada, al que vestía distinto o al que pensaba distinto…

Ahora y gracias a la tolerancia no solo hemos aceptado, todo eso que pedía a gritos ser integrado, sino que el sistema lo llevo al extremo y ahora hemos abierto la puerta a que cualquier cosa sea aceptada sin provocar un cisma en nuestras escalas de valores. Poco a poco se asienta lo inmoral, lo insensato y lo imprudente, pero curiosamente quienes viven en el sistema no son los locos, sino aquellos que aún conservan algo de cordura y ven en estas derivas, un riesgo potencial difícil de esquivar.

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