Espiritualidad manufacturada, consumida y reciclada.






Una de las formas en las que la nueva espiritualidad ha redefinido ciertos conceptos, es a la hora de expresar la comunión entre el cuerpo, la mente y el espíritu. Si bien con la mente y con el espíritu cada cual o cada quien, han ido arrimando el ascua a su sardina y han retorcido estos conceptos para manipular creencias, bien para lucrarse o bien para afianzar y forjar férreamente formas de pensamiento que nada tienen que ver con la esencia del Ser humano, y su concepción completa, y más con una compulsión por controlar la voluntad de aquellos incautos que caigan a sus redes, o incluso ambas, porque no olvidemos que la corrupción del Ser comienza con la aceptación de la necesidad económica.

El espíritu se corrompió en el momento que se convirtió en credo, se llenó de conceptos, se relativizaron los sentimientos y se aglutino todo en un batiburrillo de etiquetas, subjetividades, e interpretaciones comúnmente conocido como Metafísica.

La mente se corrompió en el momento que le crearon un enemigo y se le coloco un espejo y se le inculco que el mal, esa sombra oscura y tenebrosa, vivía allí. El ego fue el enemigo a batir, una lucha fratricida a muerte que desde la espiritualidad nos enseñaron a ensañarnos con nosotros mismos, retorciendo una vez más el pezón de la culpa, de donde maman todos estos mediocres.

El cuerpo no sufrido mejor destino, ya que la programación y la agenda espiritual tenían pensado para él algo mucho menos elevado y sutil.

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